La semana pasada, fui con un compañero de trabajo, Armando, a ver la tercera entrega de la saga de César: “La guerra del planeta de los simios”, y me ha hecho volver a reflexionar sobre un tema muy manido como es el de el uso y abuso de los efectos digitales en en el cine.

Armando es el Director Creativo (CCO) de la empresa y yo, bueno, ya sabéis a lo que me dedico yo. Comento esto porque las impresiones, en el terreno de lo visual, que intercambiamos este señor y yo nada más salir de la sala fueron muy positivas, pero la que con más pasión coincidimos y la más celebrada mientras veíamos la película, era la espectacularidad con la que estaban hechos los simios. En especial Cesar, que era capaz de expresar con su mirada y movimientos faciales un millón de sentimientos (¡Chúpate esa Keanu Reeves!) y que su vello, su maquillaje de guerra y su suciedad acumulada a lo largo del largometraje estaban tan perfectamente recreados y animados, que te deja esa falsa impresión de que, de tan real lo han hecho, que se te hace irreal.

Pues Cesar, amigos míos, está hecho completamente con efectos digitales, y es que ya ha pasado mucho tiempo desde que los monos digitales de Jumanji nos dejaran ese mal sabor de boca en 1995. En este caso Cesar, y sus amigos simios, están hechos con CGI (Imágenes Generadas por Computadora) y con captura de movimiento tanto facial como corporal del gran Andy Serkis y otros actores. Un maravilloso trabajo por parte de animadores y editores que me hace creer que es más que posible una convivencia armónica en el cine de la imagen real y los efectos especiales. Incluso, como demostró J.J. Abrams en “El Despertar de la Fuerza”, también el maquillaje y los “muñecos”, que eran más comunes en los ochenta, pueden usarse en el séptimo arte junto con las nuevas tecnologías.

Ya sé que estoy jugando con ventaja, pues soy de la generación que vivió películas como “Mi amigo Mac”, “Howard el pato”, “Los Ghoulies”… y no dijo ni pío. Estoy seguro hasta de que cuando salí del cine, o saqué la cinta del VHS, aún tenía los ojos como platos tras ver esas “maravillas”. La única idea que quiero plasmar en este kilométrico post, es que hay que decir NO a esas películas planteadas desde lo digital y que descuidan la parte humana, como ya hiciera George Lucas con su segunda trilogía de Star Wars. Hay que decir a películas como ésta, en la que escenarios naturales y digitales se combinan e interactúan con personajes generados por ordenador y con actores de carne y hueso en, como ya dijera antes, una perfecta armonía.

Como ejemplo práctico de lo que los efectos digitales pueden aportar a una grabación, y siempre desde la mayor de las modestias, aquí tenéis un pequeño trabajo que hice hace más de tres años en el que con unos efectos de luz, unos fondos apropiados, un poco de lluvia, una pizca de humo y unos efectos de sonido y música adecuada, conseguimos un más que correcto resultado en nuestra composición.

La magia de los efectos digitales

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